CONFERENCIA LA GALICIA MODERNA. CGAC. FEBRERO 2005

Uno.

En la novela 2666, Roberto Bolaño explica, mediante una parábola, lo que profundo ha determinado el acontecer cultural gallego, aquello que ha participado en la historia de su cultura reciente más de lo que creemos o estamos dispuestos a admitir.

Bolaño, de origen gallego, pero chileno de nacimiento o catalán por adscripción voluntaria, en definitiva profundamente mejicano literariamente y por vivencias; contempla Galicia desde afuera y con total objetividad. En 2666, en La parte de Amalfitano, una de las cinco novelas que la componen, convierte un libro de Rafael Dieste, (uno de los personajes presente en esta exposición, en uno de los personajes principales). Aparece, el libro de Dieste, atado y suspendido a la intemperie en un tendal de ropa. Es una idea de Marcel Duchamp, (amigo de uno de los autores que debería estar presente en esta exposición por pertenencia generacional y por importancia, aunque no hubiera materializado su obra sino con posterioridad a 1936, que es Eugenio Fernández Granell), un ready-made, con el que Duchamp, como Bolaño explica, “había disfrutado desacreditando la seriedad de un libro “cargado de principios como aquel” ….”Al exponerlo a las inclemencias del tiempo” el tratado habría captado por fin cuatro cosas de la vida” ”.

Podría haber servido al propósito del autor o al del personaje, cualquier otro libro, pero Bolaño–Amalfitano decidió que fuese El testamento geométrico de Rafael Dieste. Materializado así el ready made Duchampiano, Bolaño explica la cuestión gallega de la siguiente manera: ” La edición del libro había sido posible gracias al concurso de algunos amigos del autor, amigos que quedaban inmortalizados, como si de una fotografía de fin de curso se tratara, en la pag. 4, en donde normalmente suelen aparecer las señas del editor. Allí decía: La presente edición es un homenaje que ofrecen a Rafael Dieste: Ramón BALTAR DOMíNGUEZ, Isaac DíAZ PARDO, Felipe FERNÁNDEZ ARMESTO, Francisco FERNÁNDEZ DEL RIEGO, Álvaro GIL VARELA, Domingo GARCíA SABELL, Valentín PAZ ANDRADE y Luis SEOANE LÓPEZ. A Amalfitano le pareció, por lo menos, una costumbre extraña el poner los apellidos en mayúscula, mientras el apellido del homenajeado estaba en minúscula.”

Todo el transcurrir de la cultura gallega, al menos aquella que va desde el período que se pretende recuperar, hasta hoy, está teñida por costumbres extrañas, en las que los críticos hacen parangones singulares o en la que los homenajeados, los protagonistas de la historia, son meros pretextos, y eso cuando no se les tergiversa o se les ignora.

 

Dos.

En una entrevista publicada en el suplemento cultural del diario EL PAÍS a finales de la década de los 80 del pasado siglo, que el escritor y periodista Eusebio García Luengo –fallecido hace relativamente poco– concedió al filósofo Carlos Gurméndez; comenta, sobre la época a la que se refiere esta exposición: “…con su pregunta (Antes de la guerra Civil Usted frecuentaba el café Granja el Henar, de las figuras literarias que allí acudían, ¿cuáles son las que recuerda más vivamente?), me plantea un problema peliagudo que es el de la memoria. Y no por falta de recuerdos, sino porque la memoria resulta un poco prostituta. Tiende a juntarse con el poderoso que en este caso, es aquel que conserva eco en la actualidad, a quien recuerdan los demás como figura relevante, señera. (…) Por eso las crónicas suelen nutrirse de poquísimos nombres, por lo cual no es que sean mentirosas, sino tramposas, ya que ocultan el verdadero sentido de una vida rica y fecunda (…) Se tiende a engañar a la gente con medias verdades, con pueriles mitologías y con añoranzas inocuas. Hay una inercia en el recuerdo y una inercia en el olvido.”

 

Final.

He tomado nota. No pondré mis apellidos en mayúsculas. No dejaré que sea mi memoria prostituta la que interprete o deforme lo que las memorias prostitutas que me nutren hayan previamente deformado. Serán los protagonistas quienes hablen, sus palabras las que con mayor elocuencia cuenten lo que pensaron o vivieron, su calidad humana o artística, su coherencia, su limpieza ideológica, su valentía, su valor intelectual o sus miserias.

La introducción fue esa. Los documentos que leí a continuación sumaban 32 folios. No conseguí leerlos todos. Hablé durante hora y media. Supongo que los chavales quedaron hartos. Sudaron los créditos.

 

NOTA DE PRENSA

Recuperar os intelectuais galegos esquecidos dos 20

Sábado 5 de febreiro de 2005

O talento e o espírito crítico dunha longa lista de artistas, escritores e estudosos galegos sorprendentemente mozos, marcaron o mundo intelectual da Galicia das primeiras décadas do século XX que onte recuperou a través de textos, fotos e ilustracións o estudoso José Manuel Bouzas. O comisario da exposición Cándido Fernández Mazas. Vanguardia, militancia y olvido 1902-1942 ofreceu onte unha conferencia dentro do Ciclo ‘A Galicia moderna’ que se celebra durante febreiro no Centro de Arte Contemporánea.

O investigador recordou artigos de Vicente Risco, Manuel Martínez Risco, Eugenio Montes, Manuel Antonio, Francisco Miguel, Jacinto Santiago ou Luís Huici, figuras representativas dunha época dorada para a cultura galega, que, como repetiu Bouzas de maneira irónica, «aínda non teñen unha rúa en Ourense.»

Bouzas leu unha carta inédita que Vicente Risco lle enviou a Primitivo Rodríguez Sanjurjo durante a súa estancia en Madrid na que o intelectual ourensán expresaba a súa «actitude semiincrédula» ante o seu sentir como persoa e como intelectual cando só tiña 19 anos.

Na súa intervención recordou a Manuel Martínez Risco que traballou dous anos no laboratorio Zeeman de Ámsterdan e publicou unha longa lista de libros e investigacións nas que se pode apreciar a súa modernidade e interese científico. Porén, Martínez Risco morrería só e esquecido no París de 1954.

Bouzas tamén se referiu a Castelao do que leu fragmentos dos diarios do galeguista nas súas viaxes por Europa nos que destaca unha fina ironía e un espírito que fai valer como nunca o propio fronte ó alleo(sic).

Tamén tivo palabras para as críticas de Manuel Antonio a Valle-Inclán e ó castelán que chamaba o «idioma da cursilería». Ou para as reflexións de Eugenio Montes sobre a da arte que comezaba a emerxer na Galicia brillante daquela época.

Tampouco se esqueceu Bouzas do ourensán Camilo(sic.) Fernández Mazas que, ademais de pintar, tamén exerceu o periodismo de creación con vértices no surrealismo.

Finalmente, o comisario recordou os batiks, formas decorativas, do pintor Francisco Miguel e da misteriosa vida do artista Luís Huici que foron asasinados en 1936.

Bouzas tamén se referiu ás revistas Alfar, La Zarpa ou La Centuria nas que publicaron textos e debuxos os intelectuais galegos dunha época máis que inesquecible.

V. OLIVEIRA